- 10 de febrero de 2026
Un impuesto diferido por cada activo: el detalle contable que evita sorpresas fiscales
La amortización acelerada sigue siendo una de las herramientas fiscales más utilizadas por las empresas para optimizar el Impuesto sobre Sociedades. Libertad de amortización, amortización doble para pymes o incentivos similares permiten anticipar fiscalmente un gasto que, contablemente, se reparte a lo largo de varios ejercicios. El efecto inmediato es conocido: menor cuota a pagar hoy. El efecto a medio plazo, no siempre tan bien gestionado.
La clave está en el impuesto diferido, ese reflejo contable de un impuesto que no se paga ahora, pero que se pagará más adelante. Y aquí es donde muchas empresas cometen un error silencioso que solo aflora cuando llega el momento de vender un activo.

Amortización fiscal rápida, contabilidad prudente
Cuando una empresa aplica amortización acelerada, el tratamiento es doble. Por un lado, en contabilidad se sigue amortizando el activo conforme a las tablas oficiales, como si no existiera incentivo fiscal alguno. Por otro, en el Impuesto sobre Sociedades se practica un ajuste extracontable negativo, adelantando la deducción fiscal del gasto.
Ese desfase temporal genera una deuda latente con Hacienda que debe reconocerse contablemente como impuesto diferido. No es un formalismo: es la forma correcta de mostrar en balance que el ahorro fiscal de hoy es, en realidad, un impuesto aplazado.
El error habitual: una sola cuenta para todo
En la práctica, muchas empresas optan por una solución cómoda pero poco precisa: agrupar todos los impuestos diferidos derivados de amortizaciones aceleradas en una única cuenta contable. Funciona mientras no pasa nada. El problema surge cuando se toma una decisión estratégica, como vender un activo antes de que se haya absorbido totalmente el incentivo fiscal.
En ese momento, la normativa es clara: los ajustes extracontables pendientes deben revertirse de golpe en el ejercicio de la venta, y el impuesto diferido se convierte en impuesto a pagar. Si todo está mezclado en una sola cuenta, la empresa pierde visibilidad y capacidad de análisis.
Una cuenta por activo, una decisión informada
La recomendación técnica es sencilla y tiene efectos prácticos inmediatos: contabilizar un impuesto diferido individual por cada activo que se amortice de forma acelerada. De este modo, la contabilidad no solo cumple con su función informativa, sino que se convierte en una herramienta de decisión.
Con cuentas diferenciadas, la empresa puede saber en cada momento qué carga fiscal latente arrastra cada bien del inmovilizado. Y eso permite comparar escenarios: vender un activo u otro ya no es solo una cuestión de precio o necesidad operativa, sino también de impacto fiscal inmediato.
Vender con conocimiento, no a ciegas
Cuando un activo amortizado fiscalmente más rápido de lo normal se transmite, el impuesto diferido deja de ser una anotación contable y pasa a ser una salida real de caja. Tener ese dato identificado por activo evita decisiones que, a posteriori, resultan más caras de lo previsto.
No se trata de complicar la contabilidad, sino de afinarla. En un entorno donde la fiscalidad condiciona cada vez más las decisiones empresariales, el detalle marca la diferencia. Y en materia de amortizaciones aceleradas, ese detalle empieza por algo tan básico como no mezclar impuestos diferidos que no tienen el mismo origen ni el mismo destino.
La contabilidad no solo sirve para cerrar cuentas. Bien utilizada, también ayuda a vender mejor, planificar con criterio y pagar impuestos sin sorpresas.